Hoy nuestra amiga Elena nos presenta este festival alimenticio, te decimos lo que necesitas!
150 ml de Aceite de Oliva virgen extra
1 Kg. de tomates rojos bien maduros.
200 grs. de pan de Telera (pan redondo) o si no
encontráis pan de trigo blanco (mejor que tenga un día o dos) – del que
utilizaremos solo la miga.
1 diente de ajo (la cantidad de ajo al gusto,
mucha gente le añade sólo medio)
10 grs. de Sal
Preparación:
1.
Le hacemos un
corte transversal al pan de telera y le sacamos la miga: ésta es lo único que
utilizaremos para el salmorejo. La pellizcamos a trocitos y la ponemos en un
bol.
2.
Pelamos los
tomates (mucha gente los cuece un poco para que sea mas sencillo pelarlos, pero
yo creo que la cocción disminuye su sabor), le quitamos la pulpa y las pepitas
y cortados a trozos, los añadimos al bol.
(es
importante realizar los pasos por este orden, así el jugo del tomate va
empapando el pan y todo va adquiriendo su sabor)
3.
Añadimos el
medio (o entero) diente de ajo. (Truco para que no repita el ajo es quitarle el
tallo verde de dentro)
4.
Añadimos el
aceite (150ml es aproximadamente medio vaso de agua). IMPORTANTE: El aceite
debe der virgen extra.
5.
Añadimos la sal
6.
Lo revolvemos
todo con una pala o la mano (lávatelas antes, porfa) y dejamos unos minutos que
todo vaya cogiendo el sabor.
7.
Batidora a la
máxima potencia, y mucha paciencia.
8.
La consistencia
es a gusto del consumidor. Cuando queda muy espeso, prueba a añadir medio vaso
de agua con una cucharita de aceite y una piza de sal disuelta, y la vas
añadiendo poco a poco hasta que adquiera la consistencia deseada. Si por el
contrario, queda muy líquido, añádele miga de pan. Si no te ha sobrado, ¡no te
preocupes! Un poco de corteza no va a arruinar el sabor.
¡A disfrutar de un buen
salmorejo cordobés! Si tienes invitados en casa, quedarás como un rey/reina si
lo sirves en pequeños bols individuales y al lado pones un poco de jamón
serrano a dados, huevo duro picado y picatostes para que ellos lo añadan al
gusto.
También está buenísimo si
lo pones en tartaletas y lo decoras con el jamón y el huevo: ¡pequeños
bocaditos de placer!
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Todo el mundo (de pirineos para abajo, se entiende) sabe
hacer una buena tortilla española, pero aquí te damos a conocer los trucos para
que quede realmente jugosa y exquisita.
Necesitamos: (para 3-4 personas que vengan con hambre)
1.
5 patatas
medianas (como tu puño más o menos, a no ser q seas Hulk, en ese caso, 3
patatas serían suficientes – si eres pulgarcito, 7)
2.
6 huevos gordos
(¡de granja ecológica por favor! ¿has visto lo que le hacen a los pobres
pollos?)
3.
500 ml de
aceite para freír (mamá fríe con aceite de oliva, lo sabemos, pero nuestra
economía es un poco más limitada –sólo un poco)
4.
SAL
5.
Una buena
sartén antiadherente
6.
Una tapa de
sartén con mango en el medio si no queremos morir del estrés al darle la
vuelta. Sólo es un consejo: a los más habilidosos les bastará con un plato: os
habla la de los sudores fríos.
Preparación:
1.
Pelamos y
cortamos las patatas a lascas.
2.
Las dejamos en
un recipiente con agua con sal una media hora.
3.
Ponemos a
calentar el aceite mientras escurrimos bien las patatas. (ATENCIÓN: Asegúrate de
que las escurres como si fuera tu vida en ello, pues con el aceite caliente
aquello se vuelve loco y no queremos accidentes domésticos). Añade sal a las
patatas secas y revuélvelas antes de echarlas a freír.
4.
Mientras se
fríen, ve batiendo los huevos en un recipiente grande (aplícate, que no quede
ningún trazo de clara transparente y que salga espumita de la batida de huevo)
5.
Cuando las
patatas estén fritas y doraditas (para ello las has tenido que verter en el
aceite cuando éste está MUY caliente) ,las retiras con una pala quitando la
mayor cantidad de aceite que puedas y las pones en un recipiente con
servilletas de papel de cocina (de círculos súper absorbentes) para que no quede
la tortilla demasiado aceitosa.
6.
Prueba las
patatas de sal. Si están bien de sal, un pellizco de sal por yema de huevo es
suficiente.
7.
Añades las
patatas al huevo, añades un chorreoncito de leche y dejas reposar para que la
patata se empape del huevo, el huevo de la patata y se enamoren perdidamente
para crear la tortilla PERFECTA.
La
leche es un truco de abuela para que la tortilla quede clarita sin que sepa a
crudo. Si te gusta la tortilla modalidad ladrillo: pasa de la leche.
8.
En la misma
sartén en la que has freído las patatas, quitas el aceite para freír
(consérvalo para reciclar, en este blog estamos con el medio ambiente), limpias
la sartén con una servilleta de papel, y añades un chorreón de aceite de oliva
virgen. Dejas calentar el aceite a fuego medio
9.
Cuando el
aceite está caliente, añades la mezcla de patatas y huevo. Es importante que el
aceite no esté demasiado caliente para que la tortilla no se queme por fuera, y
se haga por dentro. Truco: PACIENCIA. Y ya está.
10.
Momento
crítico: Cuando la mezcla vaya oliendo a tortillita rica y puedas meter la pala
entre la mezcla y la sartén quedando ésta limpia, incluso le puedas dar vueltas
a la mezcla: ES EL MOMENTO DE DARLE LA VUELTA.
11.
DECISIÓN: Tapas
la sartén con la tapa, valga la redundancia, giro de 180 grados, retiras la sartén y la pones en su posición
inicial sobre el fuego.
12.
Deslizas la
tortilla (que tendrás sobre la tapa en la otra mano haciendo malabares) sobre
la sartén, para que se haga por los dos lados (esto es de cajón de madera).
13.
Tres o cuatro
minutos más. Lista para servir.
14.
Te puedes
sentar, abanicar, respirar hondo, y disfrutar de tu maravillosa tortilla: hacerla es la mili del siglo XXI.
Elena